La integración de estas cuatro dimensiones colabora a que la evaluación sea un proceso de enseñanza aprendizaje y ayuda para la metacognición de los alumnos: el aprender a aprender. Como dice Graciela Cappelletti en el video Consejos sobre enseñar habilidades: La metacognición ¿se enseña?: tenemos que enseñar a los alumnos habilidades metacognitivas.
¡Este curso no deja de sorprenderme! Otro gran hallazgo, entre muchos otros, fue aprender que la autoevaluación no es autocorrección, sino como explica también explica Graciela Cappelletti: la autoevaluación es poder preguntarse si el recorrido que se hizo fue el mejor para lo que se quería hacer, si se utilizaron las estrategias correctas y si se realizaron las tareas que se habían propuesto. Además, la autoevaluación requiere el desarrollo de determinadas habilidades para que un estudiante pueda juzgar su propia producción y desempeño (Anijovich, 2019). Por lo que, la autoevaluación y también la coevaluación (evaluación entre pares) promueven la metacognición.
Me he dado cuenta de la gran utilidad de la autoevaluación y también la evaluación entre pares. Por ejemplo, así podría haber evitado un poco “la sorpresa” que se llevaron los estudiantes en la evaluación final de mi materia, algo que comenté en la entrada anterior en este blog y además, ayuda a evaluar con más precisión el trabajo en grupo.
El desafío ahora es poner en práctica todo lo aprendido. Tal como comenté en Twitter, las rúbricas y el diseño de las mismas con los alumnos, ha sido un gran hallazgo que quiero implementar en mi Cátedra. ¿Sabremos transmitir la importancia de la evaluación como proceso? ¿Sabremos transmitir la importancia de las rúbricas a nuestros compañeros docentes? ¿Podremos implementarlas realmente en nuestras materias, aunque tengamos aulas masivas?



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